Aprovechar la vuelta al trabajo para reorganizarse

Las vacaciones marcan un hito, un antes y un después en el año laboral. De alguna forma, psicológicamente, marcamos una barrera que nos lleva a pensar en términos de “curso”, al igual que un estudiante, en lugar de en años, como sucede inevitablemente en áreas como la fiscal o comercial, por ejemplo. Por lo tanto, marcamos un principio de etapa. Además, la vuelta del descanso estival  suele acarrear cierto estrés: los horarios, las tareas, etc, no se asimilan tan rápido como exige el ritmo de trabajo y el desfase entre ritmo vital y requerimientos profesionales generan conflictos motivacionales, de organización y finalmente de tensión psicológica.

Por todo ello es un buen momento para detenerse un instante y planificar la vuelta al trabajo. Poner negro sobre blanco en el organigrama de trabajo, desde las tareas periódicas, hasta los objetivos y acciones globales nos ayudará en varios frentes.

Primero nos ayudará a reordenar la cabeza (gestión) sin perder los pies (tensión), lo cual nos liberará de la estresante situación de encontrarse con todas nuestras tareas de golpe, como envueltas en una insondable madeja. Establecer prioridades por importancia y urgencia se aventura fundamental y nos permitirá establecer un orden lógico para su ejecución.

En segundo lugar será útil para volver a sentir que tenemos el control sobre nuestras tareas sin perder de vista los objetivos a medio y largo plazo justo antes del inicio del cuarto trimestre, y enfocar así el final de año ordenadamente.

En tercer lugar, al clarificar el trabajo se encuentran a menudo nuevos modos de hacer. Con la mente renovada tras las vacaciones es fácil que detectemos nuevos caminos donde antes solo veíamos una ruta. Es decir, nos ayudará a optimizar nuestro tiempo y reorganizar algunas tareas, probando alternativas en la metodología o la organización productiva.

Finalmente, un esquema claro de trabajo nos ayudará a realizar la planificación diaria, más aconsejable que nunca por los mismos motivos mencionados. Es decir, si normalmente es una práctica recomendable empezar la jornada marcando tareas y prioridades, hacerlo ahora se aventura como casi necesario.

Aunque la urgencia nos reclame, impidiéndonos parar un segundo a pensar, es importante hacerlo y vencer ese primer miedo que nos impulsa a hacerlo todo de golpe … nuestra mente lo agradecerá y nuestra productividad también. Se impone además como una práctica recomendable no sólo para cada profesional, sino a modo departamental, especialmente desde Recursos Humanos, ayudando así a nuestros equipos a organizarse mejor, optimizar el tiempo y mejorando en definitiva la gestión del trabajo.

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