Automotivación ante la adversidad

No corren buenos tiempos para la lírica, con cotas de desempleo crecientes y noticias económicas desalentadoras día sí, día también. Sin embargo, la Historia ha demostrado que de las crisis se han sacado siempre grandes lecciones y los momentos críticos han sido un revulsivo para el crecimiento, algo aplicable tanto a la Economía en general, como a las empresas y sus profesionales en particular.

Ante el desánimo imperante y la confusión creciente convendría parar un momento, sentarse a reflexionar y replantear el escenario: cuál es nuestro objetivo, con qué recursos contamos y cómo alcanzarlo. El primer paso por lo tanto es visualizar el objetivo a conseguir, sea cual sea y no perderlo nunca de vista. En segundo lugar, se trataría de hacer un análisis realista de los recursos humanos, materiales e inmateriales con los que contamos para marcar la estrategia. Y finalmente, quedaría generar una estrategia coherente con los datos obtenidos en las dos fases previas y ejecutarlo.

Hasta aquí, la teoría, pero ¿qué ocurre en la práctica? Pues que la realidad nos dice que, desgraciadamente, no es tan sencillo y existen multitud de variables e intangibles que dificultan su cumplimiento. Una de ellas, y probablemente la más importante, es la motivación, que en momentos como el actual es justamente el recurso más escaso. Por lo tanto, es clave añadir a la fórmula clásica de resolución de problemas el componente motivador.

En la motivación pueden intervenir a su vez distintos potenciadores y justamente la causa del desánimo (fracasos, frustraciones, dificultades) debe ser su primer motor. Al igual que en las técnicas marciales como el aikido, debe recogerse esa fuerza negativa para transformarla y volverla en contra, de forma que nos sea útil, en lugar de perjudicarnos. Caernos no solo nos enseña a levantarnos sino que nos empuja a hacerlo.

Finalmente, la necesidad nos obliga a superar nuestros miedos, olvidar nuestras frustraciones y mirar hacia adelante, visualizando con mayor determinación nuestro objetivo. Entra en juego la actitud, un valor fundamental para la ejecución de cualquier plan: la actitud de seguir o comenzar de nuevo, la actitud de aprender de lo vivido, la actitud de formarse para afrontar nuevos obstáculos, la actitud de querer y la actitud de hacer.

Y como colofón, valgan palabras y frases extraídas de una película reveladora en lo que se refiere a la motivación, la automotivación y la formación para enfrentarse a la adversidad: “En busca de la felicidad”, protagonizada por Will Smith. “Voy a darlo todo”, “nunca dejes que nadie te diga lo que no puedes hacer”, “tienes un sueño, tienes que protejerlo” y “si quieres algo, ve por ello”; son frases que pueden sonar vacías, pero en el contexto actual, están llenas de sentido.



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