El valor del tiempo

¿Qué ocurriría si supiéramos desde que nacemos el tiempo que nos resta de vida pero nos dieran la oportunidad de aumentarlo a cambio de trabajo o de otros bienes y servicios? Este es el planteamiento inicial de “In Time“, una película de ciencia ficción y acción que se estrena estos días en España y que nos permite trasladar esa reflexión al mundo del management.

Al fin y al cabo, el trabajo no es más que una forma de ocupar el tiempo para producir bienes y servicios que, a su vez, se comprarán con dinero ganado … ocupando el tiempo. En definitiva, y como se oye decir a menudo, el trabajo es para muchos, la venta de tiempo, para obtener la moneda necesaria, para comprar tiempo. Ahora bien, y en términos laborales ¿vale el tiempo siempre lo mismo? Obviamente, no. Por ejemplo, en clave de empresa, el tiempo productivo no puede ser igual al tiempo improductivo; a lo primero se le llamaría ganar tiempo, y a lo segundo, perderlo.

Del mismo modo, no debería tener el mismo valor el tiempo empleado por un profesional cualificado en una tarea especializada, que el ocupado por quien no reúne cualificación alguna en tareas que no requieran dicha especialización (aunque para ponerle precio influyan otros factores como el precio del producto obtenido con ese tiempo,  y la ley de oferta y demanda, tanto en la producción, como en la venta final…).

Podríamos extendernos en poner ejemplos de cómo el tiempo, que todo lo llena y es el sino de nuestra existencia, puede aportarnos múltiples formas de valorar en qué lo ocupamos y la repercusión de esa decisión en el mundo profesional y empresarial. Pero centrándonos en las dos analogías planteadas, basten estas para abordar las dos cuestiones que más preocupan hoy a empresas y trabajadores.

Por una parte, preocupa la gestión del tiempo. Y lo hace porque de ella depende la productividad. España, concretamente, ha sido siempre duramente criticada por sus extensas jornadas laborales, que a la postre, convierten el grado de productividad en bajo ya que no se produce más que otros países y además, requiere mucho más tiempo. Esto, que ya en sí mismo es un problema, repercute sobre la otra cuestión a abordar, que no es otra que la consecuencia de esa deficiente gestión del tiempo en la vida privada, personal, y su respectivo tiempo. La lección salta a la vista: si se gestionara bien el tiempo, seríamos productivos, y a la par, tendríamos más tiempo para nosotros mismos. Y entonces ¿por qué no lo hacemos?

La solución engarza con el otro gran asunto: el valor del tiempo. Hacer que crezca el valor del tiempo de trabajo no es una cuestión sólo de mercado (oferta y demanda), sino también de cualificación. Formarse y desarrollarse profesionalmente cada día hará que nuestro tiempo laboral aumente de valor y lo hará aún más cuanta mayor sea nuestra capacidad para ejercer nuestro trabajo con los mayores niveles de excelencia. Además, la formación aumentará nuestra productividad, aumentando el tiempo que podremos dedicar a otras parcelas de nuestra vida, como la familiar y personal.

Por todo ello la formación, pese a lo que piensen algunos, no es una pérdida de tiempo, sino la mejor forma de ganárselo al futuro, en términos de empresa, profesionales y personales.

De modo que, no pierdan tiempo. Están a tiempo…


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