El networking como complemento a la formación

En los últimos años y sobre todo gracias a Internet se ha prodigado el uso del llamado networking. En realidad, no es más que la renovación de una práctica habitual en el mundo profesional, que consiste en hacer nuevas relaciones y alimentar las ya existentes, a veces sin un objetivo determinado y otras con el fin de compartir conocimiento, aprender y encontrar nuevos espacios para el desarrollo profesional y empresarial.

Si bien antes, el networking era siempre presencial y se limitaba a encuentros informales de todo tipo, desde la conversaciones de pasillo, pasando por el café de media mañana, un rato de bar después del horario laboral o una cena entre colegas profesionales, ahora es una práctica que se ha ido profesionalizando y ha pasado a realizarse también a través de congresos y reuniones, o encuentros programados. En esa misma línea es como se está entendiendo el networking en Internet, donde las redes sociales han abierto un campo extraordinario para ampliar contactos e intercambiar con ellos información profesional.

Antes o ahora, el networking ha sido siempre una práctica especialmente útil para la formación. No en vano, los conocimientos que se intercambian, a veces de modo informal, otras de forma más organizada, pasan a sumarse al knowhow de las personas, que acaban aprovechándolo, consciente o inconscientemente en su desempeño diario.

Por todo ello, y ahora que llegan días de asueto y las agendas laborales suelen relajarse ligeramente, es un buen momento para retomar relaciones ya creadas o alimentar otras nuevas: sea buscando un hueco para una comida, o adhiriéndonos a grupos en Linkedin, haciendo una llamada inesperada y sin objetivo concreto o ampliando nuestros contactos en redes como Twitter, todo vale y forma parte de un mismo hilo conductor: el networking. ¿Lo harás?

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Formación para alcanzar la excelencia bajo presión

Como es sobradamente sabido muchos de los conceptos modernos sobre gestión de recursos humanos tienen su origen en el ejército norteamericano; desde algunos métodos de selección, hasta fórmulas de motivación, potenciación del liderazgo o prácticas de entrenamiento, entre otras. Precisamente, en la última edición de Expomanagement hubo ocasión para escuchar la visión de militares profesionales sobre determinadas cuestiones vinculadas a la gestión de recursos humanos, en concreto sobre formación y su importancia para alcanzar objetivos marcados en situaciones de estrés extremas.

La ponencia, titulada “Así como te entrenes, combatirás”, era impartida por Roberto García-Arroba y Rafael Hernández, ambos pilotos de caza del ejército español y fundadores de Fighter management. Pilotar aviones de combate supone someter a cuerpo y mente a una gran presión psicológica, mental y física. Por una parte, requiere asumir una responsabilidad múltiple, desde la gestión de máquinas con un coste elevado, pasando por la asunción de riesgos para la propia integridad y la de otras personas, y acabando por el ejercicio de responsabilidad que supone cualquier acto de defensa. Por otra parte, se trata de herramientas de funcionamiento muy complejo, cuyo uso se realiza siempre en condiciones extremas, por lo que requieren un conocimiento y una concentración máximas y no deja margen para el error. Finalmente, el nivel de coordinación con el resto de la agrupación debe ser muy preciso para evitar accidentes y para alcanzar los objetivos marcados.

Tener actitudes y formar aptitudes
No es de extrañar que con todos estos condicionantes, los perfiles buscados para desempeñar estas tareas hayan de ser seleccionados minuciosamente; de hecho sólo 14 de cada 4.000 aspirantes son elegidos para formarse y trabajar como pilotos de caza. En ese sentido, García Arroba apuntaba que esta especialidad requiere primero una actitud que reúna cualidades como la honestidad, la integridad, la responsabilidad y la acometividad; y en segundo lugar, aptitudes, que son las que se adquieren a través del periodo de formación inicial y el entrenamiento continuo. “En la formación, ponemos en valor la actitud y la aptitud –comentaba el piloto-, anexionando a nuestra personalidad una serie de cualidades”: disciplina, capacidad de concentración, resistencia física y mental y capacidad de decisión.

Conseguirlo no es tarea de un día, como comentaba también Hernández, que apuntaba a las fases del ciclo de trabajo como la clave para el cumplimiento estricto de las misiones aéreas: planeamiento, briefing, ejecución y debriefing. Es decir, se trata de formarse continuamente para ser capaz de comprender las características de cada misión (tareas, objetivos, amenazas y estrategia) pero a la par, para adaptarse al cambio y a los imprevistos. De nuevo, se aventura clave la formación: “Flexibilidad no es improvisación –explica-, la clave es la preparación”. El entrenamiento estricto y concienzudo es por tanto una pieza fundamental en la vida y el trabajo de los pilotos de caza. Su formación les permite comprender la misión, como ya se ha dicho, pero también seguir de forma estricta el método, utilizar correctamente las herramientas y recursos con los que cuentan y ser flexibles en la ejecución. Es decir, alcanzar la excelencia en la ejecución empieza por una importante inversión en formación, sobre todo cuando el desarrollo de las tareas se realizará bajo una enorme presión.

El paralelismo de esta realidad con la de muchas empresas y sus profesionales, que hoy más que nunca, padecen situaciones de estrés y presión altísimos, por ejemplo en el sector financiero, es evidente. Aún con sus diferencias, como la estructura jerárquica o la forma en que se toman las decisiones, los profesionales del ejército siguen demostrando, a través de ponencias como la citada, que atesoran conocimientos y métodos muy válidos para otro tipo de organizaciones. Sólo hay que escucharles y atreverse a adaptar sus lecciones …

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La formación como herramienta de cambio

En un mundo y una economía en constante evolución, se aventura imprescindible la adaptación a nuevas circunstancias. Los cambios continuos en la demanda, en el contexto y hasta en la propia competencia, exigen a las empresas una “cintura” ágil, para mantener el nivel de competencia y ya no sólo avanzar, sino incluso sobrevivir.

A menudo, las circunstancias externas nos impiden avanzar. Primero, porque exigen innovación y el día a día obstaculiza a menudo las condiciones necesarias para la misma. Al mismo tiempo, los esquemas ya aprendidos,y los prejuicios, se convierten en una barrera para el cambio que exigen los nuevos retos. Y finalmente, el miedo al cambio se configura como un freno difícil de vencer, impidiendo así cualquier movimiento en otra dirección.

Por todos estos motivos la formación constituye una herramienta de primera magnitud para el cambio. Gracias a la formación y el conocimiento es posible vencer los miedos internos, personales y corporativos, a nuevos escenarios y modos de hacer. La formación ayudará también a romper prejuicios y despertar a una realidad más transparente con sus claros y oscuros, pero al menos reales y no figurados. Por último, la formación en la empresa es un recurso insustituible para la generación de nuevas ideas y el acompañamiento en la innovación.

¿Porqué no utilizarla para salir de nuestra realidad estática?

¿Porqué no usar la formación para avanzar en nuestros propósitos profesionales y empresariales?

¿Porqué?

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Conciliar, también con la formación

La conciliación entre vida profesional y familiar es un asunto que preocupa cada vez más a las organizaciones. No en vano, se ha demostrado que las empresas que más y mejor concilian cuentan con los equipos de personas más satisfechos y más productivos. Y es que más horas de trabajo no equivalen siempre a mayor producción, como aclaran estudios recientes sobre productividad, de ahí que más que centrarse en trabajar muchas horas, conviene encontrar fórmulas para optimizar su uso.

Por este motivo y con el fin de promocionar la conciliación, varias empresas, asociaciones y entidades públicas han propuesto celebrar el “día de la oficina en casa” el 22 de junio. Para divulgar la idea se ha creado una web en la que, además de promocionar la iniciativa, se ofrecen herramientas para facilitar el trabajo a distancia y calcular el ahorro que supondría esta alternativa tanto para las empresas como para trabajadores. El día de la oficina en casa está presente, además, en redes sociales como facebook, twitter y Linkedin, en los que también se desgranan las ventajas que puede suponer la combinación de trabajo presencial y teletrabajo.

Las organizaciones promotoras del “día de la oficina en casa” señalan que trabajar desde casa ahorraría a cada trabajador 216 horas, que son las que cada uno invierte, de media, en desplazamientos en todo el año. Además, se ha calculado que una empresa podría ahorrar una media de 1.200 euros por empleado y año si flexibilizara horarios y lugar de trabajo.

En el ámbito de la formación para empresa, se abre también un interesante campo con la conciliación. De hecho, si se adoptaran más medidas de horarios flexibles, las empresas podrían ofrecer a los empleados la posibilidad de recibir la formación desde su casa, vía online con elearning, o en formatos mixtos como el blended learning. Por una parte, la empresa ahorraría costes de mantenimiento y energía; y por otra, ayudarían a sus empleados a conciliar mejor, lo que, como ya se ha comentado aquí, favorece también su satisfacción. De este modo, además, se sumaría un factor más de retención a la formación, que en sí misma, es también un valor positivo para conservar talento.

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¿Influye el tipo de jornada en la productividad?

Ahora que se acerca el verano, en muchas empresas empieza el periodo en el que cambia el régimen de horarios y se establece, hasta septiembre, la jornada continua. Precisamente esta semana, investigadores de la Universidad de Zaragoza publicaban un estudio según el cual la jornada continua permite aumentar en un 5% la productividad.

Se abre pues, el debate, como cada año: ¿es más productiva una jornada continuada? ¿o es más productivo partir la jornada en dos periodos? Aunque existan opiniones para todos los gustos, lo cierto es que en España sigue predominando la jornada partida. Prueba de ello es que la OCDE sitúa a España como uno de los países en los que más horas se trabajan, sólo superado por países como Austria y Portugal, y muy lejos de países como Alemania. Sin embargo, ¿supone esto un plus para la productividad del país?  Si nos atenemos a las cifras de producto interior bruto o de crecimiento, salta a la vista que no.

Es obvio que aún quedan cosas por mejorar en la cultura empresarial y laboral española, y una de ellas es claramente el rendimiento productivo. Quizás no sea más que una cuestión de gestión, organización, o de mentalidad. En cualquiera de estos casos es posible incidir en el cambio, por ejemplo a través de la formación, tanto entre los profesionales, como entre sus directivos. Mejorar el aprovechamiento del tiempo podría propiciar cambios en los horarios y un mejor reparto de vida laboral y personal, tan demandado hoy en día. Para más inri, se ha demostrado que las empresas  que mejor concilian, son también las que mejor retienen a sus profesionales, al tenerlos más satisfechos y estos pasan a ser, por ambos motivos, mucho más productivos.

Las próximas semanas pueden ser una prueba real y una respuesta a todas estas preguntas e hipótesis. A tenor del cambio de jornada, muchas empresas podrían comparar la productividad de sus trabajadores en este periodo, frente a la obtenida en periodos con jornada partida. Se demuestre o no que la jornada continua es más productiva, merece la pena reflexionar sobre ello y sobre todo pensar por qué nuestros horarios prolongados no repercuten en una mayor productividad.

En realidad, en el exterior, nos observan y ya se lo preguntan …

 

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