Al mal tiempo, buena cara

Unos días atrás, en el transcurso de un curso de formación con uno de nuestros clientes, alguien dijo una frase que a pesar de su sencillez puede valer su peso en oro hoy: “yo no miro hacia atrás, siempre miro hacia adelante“. La actitud positiva que denota esta aseveración no es nueva, pero en los tiempos que corren no abunda, cuando es, más que nunca, necesaria. Los momentos malos, sea en el ámbito particular, como en el familiar, el empresarial o el global, nos inducen a la apatía, a la falta de ideas, a la atonía, todo lo contrario de lo que se precisa para salir de una situación negativa.

En la misma línea, es de recordar la actitud de profesionales de éxito como el periodista Pedro J. Ramírez, fundador y director de El Mundo, que años atrás comentaba en una charla con estudiantes y al hilo de su trabajo diario, “no me interesa el ayer, sólo me interesa lo que ocurrirá mañana”, o como Ferrá Adriá, el laureado cocinero catalán, que al hablar de la actitud ante los problemas declara que “quejarse en la vida no vale, hay que luchar“. Detrás de estas personas y su postura ante la vida trasluce la lección antiquísima de que esta sólo puede vivirse … viviéndola.

El largamente repetido “caminante no hay camino, se hace camino al andar” (A. Machado) no pierde vigencia y sólo puede añadírsele que para caminar, es necesario mirar hacia adelante. Podrá decirse que sin olvidar lo pasado, pero cuidado, sin fijar tanto la mirada como para quedar petrificados, como le ocurriera a la mujer de Lot, al salir de Sodoma y Gomorra … Por lo tanto, es necesario formarse en esa actitud y trabajar cada día la forma en que nos enfrentamos a la realidad para hacerlo de forma positiva e innovadora. Esta es, sin duda, la mejor salida.
 

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Las grandes empresas apuestan por la formación a pesar de la crisis

Si hablamos de formación bonificada la buena noticia es que durante 2010 las grandes empresas utilizaron por primera vez todos los créditos que les ofrece la fundación tripartita para esta modalidad. La mala noticia es que cada vez les cuesta más invertir por encima de lo bonificado. Por otro lado, si hablamos de formación en la empresa, la buena noticia es que también en 2010 se incrementó la inversión en formación, en términos generales. La mala, es que la previsión es de estancamiento.

Son las conclusiones iniciales que pueden sacarse de “El arte de la formación en España”, estudio de elogos revelado recientemente por Expansión, y de “Informe ratios de formación de las entidades financieras”, elaborado por el Grupo de Responsables de Formación de las Entidades Financieras (GREF) y también comentado por esta cabecera.

Según los mismos, las grandes compañías con presencia en España dedicarán 885 millones de euros a formación durante el presente ejercicio, prácticamente la misma cantidad que en 2010, pero un 5% más que en 2009 y bastante menos que en 2008 cuando la invesión en formación alcanzó los 1.010 millones de euros.  Si se mide por empleado, la inversión en formación en 2010 por parte de las mayores compañías fue de 350 euros por cada profesional, lo que supuso una media de 31 horas de formación para el mismo.

En cuanto a los sectores con mayores descensos, destacan el inmobiliario y el bancario, no sólo porque les afectara más la crisis que a otros sectores, sino probablemente porque también eran los que más han invertido siempre en formación. De hecho, a pesar de un descenso acumulado en los últimos dos años de un 20%, la media de inversión por trabajador se mantiene en 527 euros en el sector financiero, 177 euros más que la media en el conjunto del tejido empresarial.

Pero lo más llamativo es la tendencia que están siguiendo las empresas en el tipo de formación que escogen y priman. Frente a una formación en intangibles, las grandes empresas se están centrando ahora en una formación con un retorno rápido y tangible de la inversión. De ahí que primen la formación en el área comercial, como técnicas de ventas, y contable, como la gestión de cobros o de riesgos.

No puede reprocharse a una empresa que invierta en recursos para resolver sus problemas más inmediatos. Pero tampoco debe olvidarse que la formación no siempre puede ser una inversión con retorno inmediato y que también los intangibles producen un retorno, aunque más a largo plazo.

Y lo más importante, ese retorno, el que deviene de formación en intangibles, es el que marcará con más fuerza el valor diferencial de la empresa, porque en el mundo competitivo no basta con sobrevivir, también hay que hacerlo mejor …

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Formar directivos en competencias emocionales para superar la crisis

Según un estudio reciente, un 90% de los directivos son cortoplacistas y la mayoría se orientan más a los resultados que a las personas, por lo que desarrollan poco o nada las habilidades de comunicación o de trabajo en equipo. De ahí que algunas compañías, hasta un 62% de las que conforman el IBEX-35, crean que son necesarios cambios profundos en el perfil de sus directivos sobre todo cuando todo apunta a que el valor diferencial y por lo tanto competitivo de las empresas está cada día más en sus personas. …es más, esas empresas empiezan a percibir que esos cambios son urgentes, porque solo con ellos será posible aguantar la actual crisis económica.

Estos son algunos de los datos que manejaron  Michael José Belzunce, IgnacioDanvila del Valle y Francisco J. Martínez-López para la redacción de la “Guía de competencias emocionales para directivos“, su última obra publicada a través de la Editorial ESIC. En la misma  no sólo desgranan las competencias emocionales más necesarias para dirigir en tiempos de crisis sino que destacan aquellas de las que carece la mayoría de los directivos españoles.

Entre estas últimas resaltan la innovación y la adaptabilidad, dos características fundamentales en periodos de incertidumbre como el actual. Y es que, según los autores, son habilidades que no se enseñan en los ciclos universitarios o de postgrado. Por lo tanto es una formación que deberán adquirir de otra forma y lo antes posible, para enfrentarse a los retos de una economía tambaleante e inestable. Al final, los autores vuelven sobre los principios básicos del management moderno, cada vez más centrado en la persona, ese capital que marcará la diferencia entre las empresas que se mantendrán en la arena, y las que verán pasar las tardes desde la barrera, o lo que es peor, el desolladero…

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La formación seguirá siendo clave para el futuro de las empresas

El último informe de PriceWaterhouseCoopers (Pwc) sobre el futuro del trabajo, “Managing tomorrow’s people: The future of work to 2020“, no deja lugar para la duda: las personas, su gestión, su formación y desarrollo, serán la clave para el futuro de las empresas.

El análisis de Pwc parte de los cambios que se producirán en la economía global en la próxima década y los efectos sobre la gestión y estrategia empresariales. Así, los cambios tecnológicos pero también demográficos y el efecto globalización darán, por una parte, cada vez más poder a las empresas. Por otra, todo ello aumentará la competitividad entre ellas y les exigirá mayor capacidad de adaptación al cambio, lo que repercutirá en una mayor especialización pero también en una apertura al trabajo colaborativo y al diálogo empresarial. Finalmente, los cambios en el medioambiente exigirán mayor conciencia en la empresa, lo que generará, de forma transversal, nuevas necesidades y exigencias.

¿Y en qué afectará todo esto al trabajo y a los recursos humanos? Pues obviamente, impondrá nuevos paradigmas, como la necesidad de una mayor conciliación entre vida laboral y personal y mayor atención a la responsabilidad social corporativa. Pero también requerirá una mayor inversión en formación y desarrollo profesional para aprovechar el talento y aumentar la productividad, la eficiencia y la innovación.

Al cabo de todo ello, en la última estación, o la primera si se mira desde el punto de vista local y estratégico, estarán los departamentos y profesionales de recursos humanos. Ante tales exigencias, pasarán a ser considerados, -ya lo son en realidad- una pieza estratégica para el desarrollo y competitividad empresariales. No en vano, en ellos radicará la responsabilidad de encontrar y seleccionar el talento profesional y directivo, en darle la formación adecuada para su adaptación a cada coyuntura y en proporcionarle las herramientas para enfrentarse con solvencia a los retos empresariales que les plantee el futuro.

Según Pwc los recursos humanos pasarán a ser el corazón de la empresa, bombeando la energía necesaria para la proactividad, visión y productividad que permitirán pervivir y desarrollarse al resto del organismo empresarial. No es fácil saber si las empresas lo entienden ya así, pero es fácil adivinar que lo acabarán haciendo aunque solo sea por una cuestión de pura supervivencia.

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Cómo acabar con lo peor de uno mismo

¿Quién no ha maldecido alguna vez la suerte que le ha tocado con su jefe? No está dentro de lo políticamente correcto, pero lo cierto es que a lo largo de toda una carrera profesional, es lógico que en algún momento uno se encuentre con algún mando con el que no congenia, o con mal carácter, o, porqué no decirlo, con pocas o nulas capacidades para dirigirDe este peliagudo pero por todos conocido problema y de sus posibles soluciones, trata, en clave cómica,  “Cómo acabar con tu jefe“.

Más allá de sus aciertos en el género al que se adscribe, la última cinta de Seth Gordon es una sátira en la que se pone en evidencia, de forma grotesca, la pervivencia del peor perfil de directivo: el conocido por su falta de humanidad y escrúpulos, el rígido y sin embargo de criterio imprevisible, el poco acertado en sus decisiones, y a la par insolente o maleducado, el acosador, y un largo etc. Como corresponde a una comedia, se exageran los estereotipos, también en lo que se refiere a los miembros del staff, ansiosos por ascender y sustituir a sus superiores y a la postre, capaces de perder todos sus principios para alcanzar dicho objetivo.

La película no es en absoluto una crítica profunda, ya que se encuadra en el cine ligero, pero gracias a su carga de humor es posible encontrar nuevas perspectivas al eterno asunto de la lucha entre profesionales de distintos niveles jerárquicos y la relación entre ellos. No está de más echarle un vistazo con el traje de Recursos Humanos puesto. Es posible que en algunas de sus escenas podamos ver reflejadas situaciones o circunstancias tan reales como la vida misma y tan cercanas a nosotros como lo es nuestra propia oficina. Quizás todo ello ayude además a sustituir en el día a día la idea de acabar con tu jefe, por la de acabar con lo peor de uno mismo
 

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