Al mal tiempo, buena cara
Unos días atrás, en el transcurso de un curso de formación con uno de nuestros clientes, alguien dijo una frase que a pesar de su sencillez puede valer su peso en oro hoy: “yo no miro hacia atrás, siempre miro hacia adelante“. La actitud positiva que denota esta aseveración no es nueva, pero en los tiempos que corren no abunda, cuando es, más que nunca, necesaria. Los momentos malos, sea en el ámbito particular, como en el familiar, el empresarial o el global, nos inducen a la apatía, a la falta de ideas, a la atonía, todo lo contrario de lo que se precisa para salir de una situación negativa.
En la misma línea, es de recordar la actitud de profesionales de éxito como el periodista Pedro J. Ramírez, fundador y director de El Mundo, que años atrás comentaba en una charla con estudiantes y al hilo de su trabajo diario, “no me interesa el ayer, sólo me interesa lo que ocurrirá mañana”, o como Ferrá Adriá, el laureado cocinero catalán, que al hablar de la actitud ante los problemas declara que “quejarse en la vida no vale, hay que luchar“. Detrás de estas personas y su postura ante la vida trasluce la lección antiquísima de que esta sólo puede vivirse … viviéndola.
El largamente repetido “caminante no hay camino, se hace camino al andar” (A. Machado) no pierde vigencia y sólo puede añadírsele que para caminar, es necesario mirar hacia adelante. Podrá decirse que sin olvidar lo pasado, pero cuidado, sin fijar tanto la mirada como para quedar petrificados, como le ocurriera a la mujer de Lot, al salir de Sodoma y Gomorra … Por lo tanto, es necesario formarse en esa actitud y trabajar cada día la forma en que nos enfrentamos a la realidad para hacerlo de forma positiva e innovadora. Esta es, sin duda, la mejor salida.





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