Lecciones de gestión: aprendiendo de la naturaleza
Entre todas las charlas a las que pudimos asistir en la última edición de ExpoManagement, nos llamaron la atención especialmente aquellas que, como solemos hacer también en este blog, buscan analogías entre la gestión de los Recursos Humanos (RRHH) y otros planos, como, por ejemplo, la Naturaleza. Es el caso de “Mirando al panal: las abejas como maestras”, impartida por la naturalista Carol Sala, y en la que pudimos redescubrir las muchas lecciones que para la gestión en general y los RRHH en particular, tiene el mundo de las abejas.
La base de la disertación de Carol Sala es la constatación de que la clave de la supervivencia de una colmena, comparable con un grupo de personas o una empresa, es funcionar “como un sistema cuyo objetivo es la comunidad, y donde el todo es algo más que la suma de las partes“. Es decir, si el reparto de tareas es adecuado, y todas las partes actúan con el único objetivo de enriquecer al todo, el resultado es mayor del que se esperaría si simplemente se ensamblaran. Pero ¿cómo hacerlo? Obviamente, con algo más que un simple reparto de funciones.
Los primeros valores que harán que así suceda son la especialización, la formación y la capacidad de transformación de los miembros del equipo, en este caso las abejas. Aunque se inician como nodrizas, su especialización, que les permitirá ofrecer lo mejor de sí mismas en cada momento, evoluciona transformándolas en obreras y finalmente en soldados. Y lo curioso es que pasan de una función a otra sólo cuando están preparadas, no antes..
La excelencia en su desempeño se pone así al servicio de la comunidad y multiplica su efectividad ya que es el resultado de un proceso de desarrollo en el que se adquiere un conocimiento global del funcionamiento del conjunto ¿les suena? Este proceso, en el que se conjuga reparto de tareas, comunicación (a través de feromonas) y experiencia, no sólo les permite conocer y trabajar mejor en equipo, sino que genera una serie de sinergias que mejoran su productividad y eficiencia.
Otro valor en su forma de proceder es la planificación. De nuevo la asignación de tareas, la comunicación y la especialización permiten la optimización de cada recurso propio, cada abeja; también externo, como el tiempo; los bienes a explotar, las flores y el mundo vegetal en el que germinan; y el espacio propio, la colmena.
Finalmente y al hilo de lo anterior, el trabajo en equipo aporta la capacidad para reducir al mínimo el coste de oportunidad y aprovechar al máximo las opciones que se ofrecen a cada uno para avanzar en el bien común. Especialización, planificación, sinergia, trabajo en equipo, comunicación y objetivos comunes son pues, los pilares de esta forma de proceder, que a todas luces, ha sido hasta el momento más que exitosa.
Pero aún faltan dos detalles, que también aportan puntos diferenciales importantes para la superviviencia y el desarrollo individual y colectivo: el liderazgo por una parte, y la capacidad de servicio, por otra. Y es que, la capacidad de servicio que demuestran los individuos, desde las nodrizas, hasta las obreras pasando por los zánganos, y estos más que ninguno (al morir después de fecundar a la Reina), es esencial para el buen funcionamiento del conjunto. Su trabajo esmerado e incesante supera con creces nuestra capacidad humana, pero puede marcarse como meta utópica en nuestro imaginario colectivo, sirviéndonos de luz y ejemplo. Por otra parte, de nada serviría todo ese trabajo si no existiera al final un objetivo común, servir a la reina y mantener la colmena, así como líderes que guíen al resto para alcanzarlo. De nuevo, la capacidad de los individuos para organizar y auto-organizarse, comunicarse en definitiva, es esencial para llevar el proyecto a buen puerto.
¿Aprenderemos algún día a hacer todo esto con la simpleza y eficacia de las abejas? Ese es el reto…





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