Formación para producir más ¡y en menos tiempo!

Como ya comentábamos al hilo del último Congreso Nacional para la Racionalización de los horarios españoles, más tiempo de trabajo no siempre es igual a más y mejor servicio o productos. Los últimos en resaltar de nuevo esta realidad, 1.000 veces repetida y pocas veces asumida, ha sido el primer Meeting de Recursos Humanos organizado recientemente por la Federación Empresarial Metalúrgica Valenciana (Femeval). Durante el mismo, se daban datos como que el 55% de la jornada laboral en España es improductiva y sólo el 45% se dedica a tareas realmente rentables. Ha leído bien: casi la mitad de la jornada laboral ¡es improductiva!

Este dato nos lleva a realizar dos reflexiones antitéticas. Es decir, ¿podemos suponer entonces, que si redujéramos la jornada laboral a la mitad, esto no afectaría a la productividad?  ¿o se puede deducir de ello que si aprovecháramos mejor la jornada laboral duplicaríamos nuestra productividad y eficiencia?

Tanto ante la primera pregunta, como ante la segunda, la respuesta debe ser unívoca: el tiempo de trabajo es una inversión y por lo tanto, como tal, debe ser rentable, es decir, en términos de trabajo: productiva. Pero ¿cómo hacerlo? Cada caso requerirá una solución a medida pero sin duda, optimizar el tiempo de trabajo empieza con una formación adecuada.

Por una parte, es necesaria una formación específica en la optimización del tiempo, en la que se enseñe a priorizar, eliminar tareas improductivas y reducir los tiempos “muertos” y/o de transición entre tareas. Por otra parte, será necesaria una formación específica en cada tarea, para que el tiempo que se invierta en ella sea efectivo, convirtiéndose en un bien con valor añadido, y no un gasto…

En medio de todo ello, quizás encontremos, de paso, razones para reducir la jornada laboral, pero eso es harina de otro costal, y será una de las consecuencias positivas de saber aprovechar el tiempo.

¡El tiempo es oro, aprende a usarlo!

 

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El reto para 2013: formación para vencer el miedo al cambio

Existen muchos frenos al desarrollo profesional: la falta de recursos económicos, la falta de tiempo, la falta de apoyos, etc. Pero, probablemente, el mayor obstáculo al crecimiento profesional no resida en el exterior de las personas, sino en su fuero interno.

Con frecuencia, encontramos profesionales que argumentan como excusas la falta de tiempo, o de recursos, para no seguir con su formación. Pero en el fondo, también a menudo, la realidad es que las personas tienen miedo a la formación, porque esta significa iniciar un cambio, y por lo tanto, supone avanzar hacia áreas desconocidas como nuevas tares, en nuevos ámbitos y con nuevos retos.

De forma natural, nos acomodamos en lo que conocemos, la llamada zona de confort, y nos cuesta salir de ese entorno. Suponemos, cuando actuamos de ese modo, que en el cambio arriesgamos más de lo que podemos ganar, lo que nos hace pensar sobre todo en el riesgo, y no en la oportunidad.

Sin embargo, los tiempos que corren, nos hacen ver, cada día, que obsesionarse con lo que podemos perder, ya es perder en sí mismo, ya que supone renunciar a ganar algo nuevo, diferente. Además, la inestabilidad económica nos ha dejado una lección importante: todo cambia, nada permanece. Y para sobrevivir en un entorno cambiante lo mejor es acostumbrarse al cambio, hacerse flexible, adquirir capacidad de adaptación a nuevos entornos.

Por todo ello, y en el umbral de un nuevo año, no está de más remarcar la apuesta por la formación no sólo para el cambio, sino para adquirir las herramientas que nos harán capaces de enfrentarnos a entornos en continua mutación. Cambiar, y formarse para cambiar, ya no puede entenderse como un riesgo, ni siquiera como una oportunidad, sino como una necesidad.

Ese es nuestro reto para 2013: la formación para el cambio, un cambio con el que todo irá mejor.

 

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Formación para avanzar desde la empatía, un reto ético ¡y de supervivencia!

Una de las claves en los equipos y las personas con alto desempeño, es su capacidad para empatizar, ponerse en el lugar del otro, respetarle y entender no sólo lo que necesita o está pidiendo, sino con qué herramientas cuenta para ayudar a la consecución de esa demanda o a la resolución de esos problemas. En la tarea de trabajar en equipo, pero también en la tarea de dar servicio a otros, sean clientes internos o externos, es fundamental esa capacidad de empatizar con los problemas de nuestros interlocutores, respetándolos. Y sin embargo, no siempre lo hacemos.

Aprender a escuchar, y ponerse en la piel de terceros, requiere una labor silenciosa y larga y empieza por el respeto. En ese sentido, la ética entra de forma transversal y de lleno en la actitud a adoptar para llevar a buen puerto la tarea de escuchar para colaborar y construir conjuntamente. También en esa tarea, la de respetar, es fundamental la empatía y sentir como propios tanto los beneficios que proporcionamos al otro, como los daños que le podamos inferir. No hacerlo puede tener consecuencias desastrosas, desde la ruptura en la comunicación y los flujos de información, por lo que al no circular el conocimiento es imposible avanzar juntos; hasta la generación de conflictos que pueden revertir las relaciones convirtiéndolas en dañinas para todos hasta destruirlas.

Por lo tanto, es necesario prestar atención a esas actitudes cada día y en cada persona, para limarlas y guiarlas hacia el respeto, la escucha y la comprensión, claves para avanzar como personas y organizaciones. Esto requiere del asesoramiento y la formación continua; primero, con profesionales especializados que nos ayuden a interiorizar profundamente dichas actitudes y colaboren en su difusión e implantación si fuera necesario;  y después, con la práctica diaria y la formación de otros también desde la experiencia, la observación y la práctica mimética.

El coaching individual y en equipo y las distintas técnicas de formación enfocadas al cambio de actitudes pueden ayudar en esa tarea; poner el acento en detectar determinadas disposiciones personales al seleccionar a los profesionales, también; y por último, no dejar de vigilar que todo ello se mantenga en el tiempo… ¿lo haremos?

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Intocable, o cómo redescubrir la importancia de la pasión y el ahora

Después de recibir durante días, semanas y meses malas noticias sobre la Economía y el futuro del país, quizás no venga mal tomarse un respiro, y sonreír un poco para retomar nuestra tarea diaria con más fuerza y, sobre todo, con más optimismo.  De paso, quizás podamos sacar algunas lecciones de vida y, porqué no, también para nuestro desempeño diario.

Para cumplir con todo ello, recomendamos cerrar la puerta al día a día durante un instante y encerrarse en una sala de cine para ver “Intocable, una comedia francesa que contiene en sí misma algunos mensajes que serán bienvenidos en la actual situación, y que nos hará esbozar más de una sonrisa. A partir de una historia sencilla, un millonario enfermo que necesita un ayudante para que le ayude en su devenir cotidiano, descubrimos, por ejemplo, la importancia de elegir bien a las personas que nos rodean, o trabajan para nosotros.

No es ningún secreto, sobre todo para los directores de RRHH, que la selección es, junto a la gestión de personas, una de las tareas más difíciles en su labor. En esta ocasión, el seleccionador se deja llevar por un valor en retroceso: la sinceridad. Más allá de cualidades y aptitudes, la actitud es determinante en el desempeño profesional y por eso, suele marcar la diferencia. La sinceridad, es además un principio básico en las relaciones personales y profesionales. Tras ver la película, salta a la vista que hay motivos para confiar en ello.

Por otro lado, es interesante destacar la forma en que “Intocable” revela el proceso de descubrimiento del talento y cómo este puede transformar la realidad personal y circundante. A lo largo de la película, puede verse cómo un joven aparentemente falto de experiencia y formación para el desempeño de su labor, se acaba revelando como un buen profesional en el desarrollo de su tarea, a la que además enriquece con sus valores y actitudes personales, transformándola y haciéndola evolucionar.

Intocable es también una película sobre la esperanza, que se trasluce en cada fotograma, pero también sobre la importancia de vivir y hacer las cosas con entusiasmo y pasión. El mensaje más importante para la gestión, en un momento en que todos parecemos abatidos por el peso de la situación económica, es que debemos seguir viviendo cada oportunidad como si fuera única, dedicándole todo nuestro corazón para aprovecharla y sin pensar demasiado en qué nos deparará el mañana. El momento de luchar es el ahora. Lo demás, vendrá solo.

 

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Aceptar y escuchar la adversidad para superarla

Siguiendo con la línea de analogías iniciada en el anterior artículo, resulta ilustrativa la exposición realizada por Ramón Martínez, médico y consultor, titulada “Aprendiendo de la enfermedad”, en la última edición de Expomanagement. Y es que, ¿acaso como profesionales no nos aquejan a diario distintos contratiempos, preocupaciones y frustraciones que, al igual que una enfermedad, frenan nuestro avance y dificultan nuestro desarrollo?

En los procesos de coaching es frecuente encontrarse con profesionales que se aminalan ante los problemas y, por no enfrentarse a ellos no pueden salvarlos y transformarlos en oportunidades, por lo que una simple traba puede acabar convirtiéndose en un “cáncer” para ellos, sus equipos y empresas.  “La enfermedad trae lecciones de vida” explicaba el doctor Martínez, pero para que así sea, primero “hay que aceptarla”. En el genoma de la propia existencia, está la adversidad, y por lo tanto, no contar con ella es vivir en un mundo de ilusión. Trasladado al ámbito profesional, entender que el desarrollo conlleva salvar barreras y obstáculos, es el primer paso para superarlos.

De hecho, como comentaba este experto, cuando sobreviene una enfermedad, a menudo, el sufrimiento antecede a los síntomas reales de la misma ya que nos anticipamos a los mismos, “procede de la frustración de una expectativa”. Por ello, el siguiente paso para superarla es cambiar la actitud, “para hacer variar la experiencia”. Así, de la misma forma que “el pensamiento transmite hormonas a la sangre, produciendo fenómenos como el estrés y repercutiendo en distintas patologías”, la actitud ante un contratiempo en el ejercicio profesional, determinará que este se transforme en una oportunidad y no en un problema.

De modo que la lección que trasciende en todo el discurso del doctor Martínez, es que podemos influir sobre el devenir de un camino lleno de piedras, desde el pensamiento y la actitud: “somos responsables de los pensamientos que mantenemos en la mente –apunta-, por eso conviene cuidar la higiene mental, lo que piensas y lo que dices”. Y es que el pensamiento, y la actitud, tienen un poder transformacional sobre la persona y su desarrollo personal y profesional.

Finalmente, se trata de escuchar los síntomas de la enfermedad para entender su origen y luchar así para hacerla desaparecer. “La enfermedad es un maestro que te indica que tienes que cambiar algo –concluye Martínez-, escucha los síntomas, corrige y cúrate”. ¿Sabremos hacerlo? Sí, si somos capaces de formarnos y entrenarnos en el cambio de actitud, hacia una visión más positiva y constructiva, aprovechando el poder de transformación que trasciende del pensamiento al comportamiento, y la postura ante los acontecimientos y los retos.

Nadie dice que sea fácil, ni que siempre vayamos a acertar, pero tenemos las herramientas, usémoslas. Cambiemos nuestra visión de los problemas, aprovechemos su energía, convirtámoslos en oportunidades para nosotros y nuestros equipos o empresas. Hagámoslo.

 

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