“Un gran equipo”: formar grupo confiando en las personas

Con frecuencia, desde Recursos Humanos, se afirma que lo más importante en una empresa son las personas, el capital humano. Sin embargo, también a menudo se cumple, por desgracia, el popular dicho según el cual “del dicho al hecho, hay un trecho”. Y es que plasmar ese principio en el día a día de la empresa supone realizar un esfuerzo de superación múltiple : ganar en confianza y generar confianza. Sólo brindando confianza es posible sacar lo mejor de las personas, y dar salida a todo su potencial de desarrollo profesional y humano.

Esa es la idea que traslada, por ejemplo, “Un gran equipo” (Les Seigneurs), una comedia francesa llevada al cine en la que un futbolista de más de 50 años, caído en desgracia y acuciado por los problemas, recibe el encargo de formar y entrenar un equipo de fútbol local. Por una parte, el profesional se encuentra con el reto de superarse a sí mismo, proyectarse en nuevos logros más allá de sus errores, salvando sus debilidades e inseguridades. Por otra parte, debe seleccionar a profesionales que puedan ayudarle a lograr una meta común, de equipo. Y para ello, lejos de pensar sólo en los mejores, acude a personas que, por distintas circunstancias, tienen potencialidades no descubiertas, o no explotadas.

Creer en las personas y sacar lo mejor de cada uno es la tarea que se encomienda a dicho entrenador. Pero, sin duda, antes debe enfrentarse a la titánica labor de salir de sí mismo, enfrentarse a sus miedos y mirar al futuro de frente. De algún modo, y salvando las distancias, puesto que la película citada es una cinta trufada de gags que poco tienen que ver con todo esto, traemos a colación un deporte, el fútbol, que sirve en múltiples ocasiones para ejemplificar el trabajo de formación de Recursos Humanos, y su función en las organizaciones como descubridor y desarrollador de talento. Pero sobre todo, encierra, casi siempre, la primera lección que debe aprenderse si se quiere ver crecer a un profesional, o a una persona: la confianza, la fe en sus posibilidades y la formación de una relación estrecha entre los miembros de un equipo y su cabeza visible, el líder o entrenador.

Comentarios { 0 }

Lincoln: la formación de un líder

No es necesario insistir demasiado en lo que significa la figura de Abraham Lincoln en el imaginario colectivo, sobre todo en el norteamericano, que tiene a su decimosexto presidente colocado en el paraninfo de los padres de la patria. Por eso, películas como la que presenta ahora el mil veces laureado Steven Spielberg sobre este personaje histórico, aportan nuevas lecturas sobre el mismo, más allá del ensalzamiento patriótico.

Por ejemplo, desde la perspectiva de la gestión y formación de los Recursos Humanos, “ Lincoln” desgrana no pocas lecciones, la mayoría sobre la definición de liderazgo. Aún admitiendo que existen distintos tipos de liderazgo, el análisis de los líderes y sus particularidades, nos llevan siempre a ver puntos en común, que son a la postre los que definen el concepto.

El film retrata los duros momentos en los que, llegando el fin de la guerra de secesión norteamericana, Lincoln plantea la disyuntiva de aprobar una enmienda de abolición de la esclavitud, como condición sine qua non para firmar la paz. Llevar a buen término esa propuesta, una muestra inequívoca de visión, pone a prueba sus habilidades de comunicación y de negociación, su tenacidad y su capacidad para gestionar tareas, roles y personas.

En el desarrollo de todas esas habilidades, se produce la formación de un líder, que se engrandece y gana posiciones en ese rol, a medida que se consigue la meta fijada. “Lincoln” refleja con precisión el nacimiento de una visión, la interiorización de la misma por parte del líder convirtiéndola en misión, y la transmisión efectiva de la misma en distintos entornos, hasta su materialización. De la misma forma, un líder, en la empresa, debe ser capaz de forjar una visión del proyecto a corto, medio y largo plazo y trasladarla a sus equipos para que este se convierta primero en una misión compartida y después en una realidad palpable.

Finalmente, la película aporta también un componente no menos importante hoy, el carácter ético, moral de las acciones y empresas humanas. La enmienda propuesta por Lincoln encierra no sólo un empeño político, sino ético, cuyo calado sólo puede entenderse a la luz de la Historia, cuyo curso cambió de forma trascendental; tan es así, que si no fuera por ese cambio constitucional, EE.UU. no hubiera podido tener a día de hoy, un presidente negro como Barack Obama.

Piénsenlo: era sólo una idea, pero en manos de un líder como Lincoln, cambió la Historia de un país, y probablemente de toda la humanidad. Algo deberíamos aprender de todo esto…

 

Comentarios { 0 }

Formarse con lecturas de cine

Quienes siguen habitualmente este blog de Formación, Recursos Humanos y Management, saben ya de nuestra afición a extraer lecciones empresariales de libros y películas. En esta ocasión, ambas modalidades de aprendizaje y formación a través de los paralelismos que ofrecen lecturas y cine, se aúnan en un volumen editado recientemente por Biblioteca Nueva y titulado “Equipos de cine. Películas que enseñan a trabajar en equipo“.

En el mismo, su autor, José Miguel Muñoz Pérez, comenta 7 películas para extraer de ellas algunas lecciones válidas para la gestión y el trabajo en equipo, tan importante para cualquier profesional y/o directivo de Recursos Humanos. Desde Heat, o Cars, pasando por Los chicos del coro o Apolo XIII, entre otras, son muchas las películas que, al visionarse desde el prisma de Recursos Humanos, pueden inspirar soluciones para el trabajo en equipo.

En ellas se desvelan asuntos tan importantes como la autoridad moral, clave para el liderazgo; la cooperación y el descubrimiento de nuestro papel en cada grupo; la resolución de conflictos; la comunicación; la confianza y un largo etcétera. Y es que el cine, da para esto y para mucho más, como se ha visto en numerosas ocasiones en este blog: por ejemplo, para hablar sobre el valor de la pasión por lo que hacemos, la búsqueda de nuevos caminos, el cambio de paradigmas, la toma de decisiones, los estilos de dirección, la automotivación.

Por todo ello, recomendamos no sólo la lectura de este libro, sino también el visionado de cine, en general, sin prejuicios y con gafas nuevas; las que nos ayudarán a extraer nuevas lecciones útiles en nuestro día a día profesional y empresarial.

Comentarios { 0 }

Innovar para formar un futuro ¡diferente!

En los primeros post de este blog, ya hablábamos de la importancia de innovar para avanzar, tanto en nuestra condición de profesionales, como en la de empresas y cómo en ese camino, el pensamiento lateral puede ser de inestimable ayuda. A menudo, no se trata tanto de hacer las cosas de forma diferente, que es parte del secreto, como de encontrar un uso diferente a lo que ya existe. La cuestión no es reinventar la pólvora, sino darle nuevos usos. Así ocurrió, justamente, con ese invento oriental, que en su lugar de origen se utilizaba sobre todo como un juego de artificios y fue reutilizado, no siempre para bien, en occidente: primero para la guerra, pero después también en industrias como la minera, por ejemplo.

Los momentos económicos duros, de recesión, o depresión, pueden llevar al bloqueo mental, en la obsesión por sobrevivir y por salir de esa difícil situación. Sin embargo, por otro lado, son el mejor acicate para la imaginación, la creatividad y la innovación en todos los sentidos: en la producción, en la gestión y en la dirección. Los problemas comunes suelen encontrar la mejor salida en soluciones insólitas, diferentes a las fórmulas ya empleadas.

Formar y entrenar en la práctica de un pensamiento divergente puede llevarnos a encontrar esas salidas y al tan deseado ¡eureka! Innovar no es un acto exento de dificultades, esfuerzo y tesón. Pero como bien saben quienes se dedican cada día a la creatividad, lo más conveniente es trabajar duro, para aprovechar al máximo el canto de las musas cuando nos llega…

 


The Invisible Bicycle Helmet | Fredrik Gertten from Focus Forward Films on Vimeo.
 

 

Comentarios { 0 }

Juegos Olímpicos 2012: 5 lecciones para el management

Como cada 4 años, el mundo parece pararse para contemplar, desde los 4 puntos cardinales, las proezas, hazañas y marcas de los mejores atletas del planeta, reunidos en los Juegos Olímpicos. En su XXX edición, que se celebra en Londres, los JJ.OO. volverán a concitar ambiciones y esperanzas, pero sobre todo y ante todo, ensalzarán el espíritu que les da vida, el espíritu olímpico. Bajo esa expresión se aúnan algunos de los principios más bellos de la Historia humana, los que hacen al hombre y a la mujer enorgullecerse de serlo, de pertenecer a esta especie. Por ello, es una excusa ideal para extraer de ese espíritu y de su desarrollo en los JJ.OO. algunas lecciones para el management, la gestión de empresas y de personas.

1. Ganar, el premio a la excelencia

El objetivo último de la competición es ganar, salir victoriosos, ser los mejores. Es el lema original de los JJ.OO.: “Citius, Altus, Fortus” (“más rápido, más alto, más fuerte”). La sana ambición de alcanzar la excelencia es perfectamente trasladable a la empresa y al mundo profesional. El deseo de vencer en el sentido de salir adelante, generar actividad, beneficios para la empresa, superando legítimamente a los competidores y por tanto obteniendo parabienes para quienes la componen y para la sociedad en la que se desarrolla, es el centro del espíritu empresarial. La analogía es obvia, pero requiere de los mismos matices que la competición olímpica, como veremos bajo estas líneas.

2. Participar

La frase “lo importante es participar” es probablemente la más repetida en las competiciones de unos Juegos Olímpicos. Resume en sí misma la máxima de la actividad deportiva, cuyo objetivo es vencer pero no se desentiende del proceso que lleva a la victoria, que empieza con la preparación y prosigue con la participación y el desarrollo. De la misma forma, la empresa y los profesionales, tienen como fin alcanzar sus objetivos, sean monetarios o de otra índole, pero lo que debe impregnar a la empresa, y le dará continuidad es el afán por hacer, con mayúsculas, por mantener la actividad, por participar, en definitiva, y hacerlo con la mirada puesta en la mejora, alcanzar la excelencia, pues eso y no otra cosa significa ganar.

3. Respetar

En el transcurso de los Juegos Olímpicos pueden verse múltiples manifestaciones de respeto entre los participantes, que aunque compitan entre ellos, honran el trabajo de formación y preparación de sus rivales, incluso cuando les vencen, lo que a su vez les honra a sí mismos. Ese respeto incluye el respeto a las reglas, como no doparse, no realizar trampa, y ser correcto en todo momento. En la gestión es también clave mantener ese respeto, tanto con los competidores, aunque les superemos, como con el cliente externo y, por supuesto, el cliente internoTodos los públicos (stakeholders) de una empresa merecen el respeto de la misma, al igual que la empresa merece su respeto: es un sentimiento compartido y recíproco, que se recibe en la medida en que se concede. Asimismo, las reglas del juego empresarial deben ser respetadas por sus jugadores, las empresas, de tal forma que su actividad se desarrolle en armonía y no en el conflicto. Es un bien común que requiere de todos, para llegar a todos.

4. Saber perder

La otra cara de la moneda del respeto, es el respeto a uno mismo y la capacidad para superarse; es decir, saber perder. Esta es probablemente la lección más difícil, tanto en el deporte como en la empresa: aprender a sobreponerse tras un fracaso, un error, o simplemente ante la dificultad y las circunstancias. En el mundo anglosajón, perder, también en el mundo de la empresa, se valora tanto o más que ganar, ya que se interpreta como una experiencia que ayudará a alcanzar, tarde o temprano, un triunfo más rotundo y sólido. Superarse, levantarse tras la caída y mirar hacia adelante son claves para el desarrollo profesional y empresarial. No lo olvidemos.

5. Prepararse

Finalmente, pasa a menudo desapercibida, la cuestión más importante y que es una constante, antes, durante y después de la competición olímpica: la preparación. Sin ella, no es posible el desarrollo, ni la superación de las pruebas previas que permiten llegar a la cita olímpica. Participar en unos JJ.OO. significa haber pasado horas y horas preparándose, entrenando, formándose para mejorar y alcanzar los objetivos marcados. De la misma forma, los profesionales y las empresas no son nada sin una base formativa firme. La formación, el desarrollo profesional, en cualquiera de sus manifestaciones, presencial, online, en grupo, one to one, etc, es clave para alcanzar la eficiencia, la productividad y finalmente, la excelencia. Las empresas líderes no son líderes por casualidad, sino porque han acumulado y siguen sumando horas de formación, además de experiencia, en todas sus escalas jerárquicas, desde el staff, hasta los consejos de administración. Sin formación de nada sirve el  trabajo; es el primer paso para alcanzar, tarde o temprano, el mayor de los éxitos.

Comentarios { 0 }