Formarse para motivar y automotivarse

La motivación es la base de la productividad. Por eso, no es casualidad que a principio de año, cuando en este blog desgranábamos 12 propósitos para el management, se destacara la motivación, como clave para sostener a todos los demás. “Sin motivación, nada somos ni nada haremos porque nada podemos hacer” decíamos, “y es tarea de todos, aunque especialmente del líder y de los equipos y responsables de recursos humanos automotivarse y motivar al resto de profesionales de la Compañía”.

Varios meses después nos aprestamos a compartir durante una jornada de formación, el próximo viernes, 13 de abril, las claves de la motivación. ¿Dónde surge la motivación? ¿A qué responde? ¿Cómo conocerla y entenderla? ¿Cómo potenciarla? Son preguntas, todas ellas a las que se contestará a través de esta jornada.

De una forma u otra, se abordará no sólo qué nos motiva realmente, sino también la importancia de las emociones a la hora de motivar, cómo motivar a las personas y a los equiposcómo automotivarse. No se dejará de lado el momento presente, difícil en términos económicos, y cómo se puede vencer al desánimo imperante desde la proyección exterior e interior.

¿Te motiva? Contacta con nosotros, no esperes más.

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¿Por qué ser feliz es productivo?

Motivación y productividadDesde el punto de vista puramente empresarial la productividad es la primera clave para obtener la felicidad: sin ella no hay beneficios y sin estos, no hay empresa, ni es posible pensar siquiera en la felicidad. Sin embargo, y como ya se intuyera desde la psicología industrial y los Recursos Humanos, la ecuación puede y debe leerse al revés: no es la productividad la que lleva a la felicidad, sino la felicidad la que lleva a la productividad. Así ha venido a demostrarlo además, la II Encuesta Adecco de la felicidad en el trabajo, según la cual el 97% de los españoles afirma que sería más productivo si fuera más feliz en su puesto.

¿Y cómo hacerlo? Quizás haciendo caso a Perales y su famosa canción “¿Y cómo es él?” encontráramos algunas de las pistas, aunque, por ahora, sea mejor seguir el hilo del citado estudio… Según el mismo, hasta un 76,7% de los encuestados piensa que sería más feliz si se reconociera más su labor y casi la mitad cambiaría su actual trabajo si eso le ofreciera una mayor felicidad. También refleja datos inquietantes sobre la orientación profesional, ya que 3 de cada 4 piensa que es necesario tener vocación por lo que se hace para ser feliz en el trabajo y un 44,7% elegiría otra profesión si pudiera echar la vista atrás … Y finalmente, 6 de cada 10 indican que eran más felices al principio, al inicio de su carrera profesional.

De todo ello se deducen algunas lecciones importantes para el management, sobre todo en el área de Recursos Humanos. La primera es que a la hora de seleccionar personas no estaría de más preguntarse más a menudo cuál es el componente vocacional del candidato, es decir, hasta qué punto ama lo que hace. La segunda, es entender que, como dice el refranero español, “el casado, casa quiere“, es decir, tener trabajo pero también sentirse reconocido y “amado”, como corresponde a una relación sana de quid pro quo, reciprocidad, diálogo y entendimiento. Y la tercera, comprender que no basta con captar, que también es crucial fidelizar, principalmente a través de la motivación, de modo que la vocación primera siga teniendo la misma salida que al principio y ofrezca la mejor respuesta en términos de eficiencia y ¡productividad!

Dicho todo esto, no queda más que volver a Perales y ponerse pronto a la obra para evitar cantar, desesperados algún día: ¿Y cómo es él, en qué lugar se enamoró de tí…?
 

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La formación, también una herramienta de retribución flexible

En los tiempos que corren, se impone, como una realidad transversal que todo lo inunda, la palabra contención. Asustados por la crisis, profesionales y organizaciones tratan de “apretarse el cinturón”, reduciendo gastos y optimizando los que se mantengan. Entre las múltiples estrategias plausibles para optimizar recursos, se baraja cada día más la opción de la retribución flexible: una forma de salario que no reduce el bien aportado al profesional desde la empresa, no incrementa gastos para esta y compensa fiscalmente a ambas partes.

La retribución flexible a través de la formación es además una inversión múltiple para la empresa: por una parte, permite incrementar el poder adquisitivo de sus trabajadores sin incrementar costes, por otra, pone en valor el capital humano existente en la empresa; lo capitaliza, al mejorar su rendimiento y mejorar la productividad, y finalmente, es una poderosa herramienta de retención del talento. Tan sólo requiere no sobrepasar el 30% del salario bruto anual o quedarse por debajo de la tasa neta establecida por convenio;  garantizar que este tipo de remuneración no reduzca la cotización en la seguridad social; aplicarla solo en acuerdo con el trabajador.

En cuanto al profesional, por una parte puede suponer un ahorro en su contribución impositiva (los descuentos en nómina por este concepto pueden traducirse en un incremento del salario neto anual de entre un 8% y un 15%); mejora su capital intelectual, se revaloriza frente a su empresa y obtiene mayor facilidad para el desempeño de sus funciones y tareas. Además, el profesional no puede obviar que en un momento en el que se suceden o alternan en multitud de empresas reducciones de sueldo y despidos, la conversión del sueldo a retribución en especie, es decir, en cursos de formación, no puede ser despreciada. No quiere decirse que deba sustituirla, pero en caso de aprietos económicos, es probablemente la mejor de las soluciones, en tanto que contenta a todos.

Finalmente, la formación, sea como retribución o entendida por sí sola, no deja de ser una inversión necesaria, no sólo para el mejor desarrollo profesional y empresarial, sino para el futuro de toda una Economía, algo en lo que se insiste una y otra vez en todos los ámbitos, desde el político, hasta el social y el económico. ¿Por qué esperar más, entonces, para ponerla en marcha?

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Cómo desconectar en 3 pasos y no morir en el intento

Recientemente, recalcábamos la importancia de descansar no sólo por salud física y mental, sino también como clave para aumentar la productividad. Un paso imprescindible para descansar es desconectar del trabajo y sus circunstancias pero ¿cómo hacerlo? Con frecuencia el exceso de responsabilidad y corresponsabilidad, la vocación por el trabajo bien hecho, y ahora el temor por perder el puesto, abocan a una situación de permanente alerta que impide descansar. Sin embargo, algunas pautas sencillas y muy difundidas entre los directores y expertos en Recursos Humanos, pueden ser de ayuda para alcanzar ese preciado objetivo.

En primer lugar es necesario insistir en el valor de la planificación. Perder unos minutos y si fuera necesario unas horas en planificar el trabajo pendiente, puede ahorrarnos mucho tiempo en el día a día pero además, nos ayudará a ordenar las ideas y relajar la alerta mental. Planificar viene a ser como ordenar cajones de ropa; sólo cuando esta está bien ordenada se optimiza el espacio de los mismos y pueden quedarse correctamente cerrados. Y cuando hemos cerrado un cajón, podemos “olvidarnos” hasta la vuelta…

En segundo lugar y una vez realizada la planificación toca comunicar esta planificación a las personas con las que trabajamos. De este modo coordinamos dicho planning y queda definido el marco de responsabilidad y de acción de cada uno. De nuevo, se trata de una tarea necesaria en el día a día, pero que toma más valor en el momento de salir del trabajo, sobre todo porque abre la puerta a otro “cajón” fundamental en este “armario”: la delegación de tareas. Con esta acción, podremos cerrar un segundo cajón…

Finalmente, podremos poner en marcha los últimos detalles para la máxima desconexión, los que se refieren a los medios que habitualmente nos mantienen sujetos y alerta. Así, es importante informar a clientes y proveedores de cuál va a ser nuestro periodo vacacional y cómo proceder durante el mismo. Hecha la planificación y la delegación de tareas, este paso será un juego de niños y hará posible, antes de cerrar este cajón, dejar en el mismo todos los dispositivos de comunicación (móvil, portátil, pda, etc), de modo que no haya posibilidad alguna de distraernos de nuestra tarea fundamental en vacaciones: ¡desconectar!

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Descansar para producir, una tarea necesaria

De higos a brevas se publican estudios que demuestran que el descanso es indispensable para la productividad y a pesar de ello distintas circunstancias hacen que este siga siendo más una desiderata que una realidad . Así lo revelan los números de un estudio recién publicado por Randstad, según el cual el 51% de los españoles piensa en el trabajo durante las vacaciones.

La crisis económica y el consiguiente temor a perder el puesto de trabajo son los principales causantes de esta actitud, según dicho estudio, sin embargo, a menudo no es sólo una cuestión circunstancial. Si se observa el comportamiento de las personas es fácil detectar en muchas de ellas una obsesión por el trabajo que les impide desconectar y en consecuencia rentabilizar todo su potencial intelectual. Aunque en la actual crisis la preocupación tenga una base racional, se impone la necesidad de tomar distancia del mal momento económico para dejar que la mente descanse. De no hacerse así se corre el peligro de llegar al bloqueo en lugar de avanzar por otras vías más productivas para uno mismo y para las organizaciones.

De hecho, el descanso no sólo es necesario por periodos prolongados, como las vacaciones de verano, sino también en pequeñas dosis. Así lo señalan algunos estudios, que han demostrado el efecto reparador no sólo física sino intelectualmente de hábitos tan mediterráneos como la siesta. No en vano, países como Alemania o Japón, que no cuentan con esta costumbre en su cultura ya se han fijado en este dato y han puesto en marcha iniciativas para que sus trabajadores la incorporen a su organigrama diario.

Descansar y desconectar, sea por periodos o momentos, no debe hacernos sentir culpables. Muy al contrario, ha demostrado ser una vía insustituible para la regeneración de ideas, la claridad mental y la reposición de fuerza física, mental e intelectual, tan necesaria para cualquier actividad, sea formativa o productiva. Por todo ello, no lo piense demasiado y este verano, tómese un descanso mental, desconecte. Su trabajo se lo agradecerá.

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