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Formados, informados, deformados, informes y deformes: el desmanagement de España

Por Francisco Álvarez Cano, co-editor del Blog del Desmanagement

Parece que, por fin, hay cierto ruido de las espadas del consenso respecto a que el gran problema de España es la productividad. Informes como el de Pimec (Productividad y competitividad del factor trabajo en España 2001-2008), son concluyentes: mientras la UE crecía un 8% en producción por hora trabajada (1,3% acumulado al año), lo cual es la mitad del 2,2% de crecimiento en Estados Unidos y Japón, lo cual vuelve a ser la mitad del 4,4% de Corea, todos ellos son gigantes si se mira el misérrimo 0,9% de España, sólo delante de Italia (0,1%). Este lastre en productividad se agranda en las recesiones y agrava de facto la crisis, como recuerda Jesús Soler en su blog.

La inversión en formación, clave para la recuperación

A la hora de gestionarlo, el desmanagement vuelve a ser la tónica dominante: aquí, por una parte, se trabaja menos y más caro que fuera (costes laborales creciendo al 4,3% anual), y se prima (en horas pagadas) la cantidad por encima de la calidad. España es el país europeo donde más horas se trabajan, cuarto del mundo. La tercera plaga es la gestión marca de la casa: si tenemos un problema en el numerador (producción realizada) y en el denominador (horas trabajadas), lo que hacemos, as usual, es no gestionar nada y quedarnos como estamos. Ante esto, se reclama desde distintos foros lo interesante que sería gestionar el denominador (trabajar menos horas, con lo que se genera un excedente de tiempo para consumir en ocio), o el numerador (producir más cada hora de forma unitaria). O mejor, ambos.

En la línea de gestión del numerador, la clave de bóveda es que sólo hay tres formas de hacerlo: producir mejor que los demás (ejemplo tipo de Alemania con su  potencia industrial –por cierto, durante la crisis, los costes laborales se incrementaron en España casi dos puntos más que en la zona euro y 3,2 puntos más que en la propia Alemania, según Cinco Días-); producir más barato que los demás (el camino de China, aunque también de India o de México), o producir distinto que los demás (el camino de la innovación, donde España también está a la cola). Sólo se conoce un camino para la primera o tercera palanca: la formación.

La realidad en cuanto a la formación en España es que viene a ser in-formación y de-formación, pero no, simplemente, formación. Es in-formación porque está trufada de teoría, tanto en la fase pre-universitaria, como universitaria, como, lo que es peor, post-universitaria o en la contínua. Hay poco contacto con el mercado, pero eso sí, mucho libro. Y es de-formación porque por una parte elude la demanda (es una formación típica de oferta a la que le da igual el quién demande -los sectores más “calientes”- y el dónde demande -en España la gente no va donde hay trabajo, espera que el trabajo venga a mí-) y por otra elude las llamadas competencias blandas, en especial el trabajo en equipo, el liderazgo, la cultura del cambio e innovación, el apego al fracaso (sí, el fracaso como algo mejor que la inacción) y el fomento social de los emprendedores.

Así, encontramos que aquí los niños quieren ser futbolistas o Belén Esteban, y en Estados Unidos los niños quieren ser Bill Gates o Steve Jobs. Ocasiona, pues, una masa de individuos informes y deformes, cuyo máximo sueño es ser funcionarios y ver la vida pasar. Así nos va y así nos irá si no despertamos. País…