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Formación para avanzar desde la empatía, un reto ético ¡y de supervivencia!

Una de las claves en los equipos y las personas con alto desempeño, es su capacidad para empatizar, ponerse en el lugar del otro, respetarle y entender no sólo lo que necesita o está pidiendo, sino con qué herramientas cuenta para ayudar a la consecución de esa demanda o a la resolución de esos problemas. En la tarea de trabajar en equipo, pero también en la tarea de dar servicio a otros, sean clientes internos o externos, es fundamental esa capacidad de empatizar con los problemas de nuestros interlocutores, respetándolos. Y sin embargo, no siempre lo hacemos.

Aprender a escuchar, y ponerse en la piel de terceros, requiere una labor silenciosa y larga y empieza por el respeto. En ese sentido, la ética entra de forma transversal y de lleno en la actitud a adoptar para llevar a buen puerto la tarea de escuchar para colaborar y construir conjuntamente. También en esa tarea, la de respetar, es fundamental la empatía y sentir como propios tanto los beneficios que proporcionamos al otro, como los daños que le podamos inferir. No hacerlo puede tener consecuencias desastrosas, desde la ruptura en la comunicación y los flujos de información, por lo que al no circular el conocimiento es imposible avanzar juntos; hasta la generación de conflictos que pueden revertir las relaciones convirtiéndolas en dañinas para todos hasta destruirlas.

Por lo tanto, es necesario prestar atención a esas actitudes cada día y en cada persona, para limarlas y guiarlas hacia el respeto, la escucha y la comprensión, claves para avanzar como personas y organizaciones. Esto requiere del asesoramiento y la formación continua; primero, con profesionales especializados que nos ayuden a interiorizar profundamente dichas actitudes y colaboren en su difusión e implantación si fuera necesario;  y después, con la práctica diaria y la formación de otros también desde la experiencia, la observación y la práctica mimética.

El coaching individual y en equipo y las distintas técnicas de formación enfocadas al cambio de actitudes pueden ayudar en esa tarea; poner el acento en detectar determinadas disposiciones personales al seleccionar a los profesionales, también; y por último, no dejar de vigilar que todo ello se mantenga en el tiempo… ¿lo haremos?

Devolver valor a través de los valores

En un momento en que la crisis económica está llevando a fiscalizar y observar al detalle cada movimiento empresarial para entender el origen de los problemas actuales, no es de extrañar que se vuelva a hablar de valores, y de ética. Así lo indica la producción editorial reciente, con títulos alrededor de estos conceptos y también la cinematográfica. El último ejemplo es “El fraude”, película protagonizada por Richard Gere y Susan Sarandon en la que se muestra, en toda su crudeza, la realidad de  empresas y empresarios, que, llevados por su ambición, han aparcado su conciencia y han incurrido en comportamientos poco éticos, que a la postre les han llevado a ser, en sí mismos anti-éticos.

Como se percibe en dicho largometraje, e indica el propio título, la mentira, la falta de honradez y transparencia, denotan, en el fondo, la ausencia o la pérdida de valores, en la sociedad en general y en algunas personas en particular. A corto plazo, puede no tener efectos para el defraudador, o mentiroso, aunque sí la tendrá para el defraudado. Y a largo plazo, las consecuencias se ampliarán, repercutiendo a quienes en principio nada tienen que ver con el asunto, y también salpicando, finalmente, al culpable.

Como lección para la empresa y para la gestión, así como para el desempeño profesional, cabe deducir que una economía sostenible, y una gestión empresarial y profesional entendidas en esos términos, requieren de principios y valores bien asentados. La ética, es en todos esos ámbitos, no sólo necesaria para sobrevivir, sino indispensable para crecer y a la par no morir cuando nos llegue el éxito. Recordar esto, que parece una evidencia, puede sonar redundante. Sin embargo, a la vista de los escándalos surgidos en los últimos años en la clase empresarial de muchos países, parece necesario.

Y es que, no lo olvidemos, las empresas y sus profesionales viven de la sociedad, pero también para la sociedad, ya que sin sociedad, no hay necesidades, ni consumo. Por lo tanto, y aunque sólo sea como una cuestión egoísta, esperemos que algo más, por supuesto, conviene respetar a todos, cumpliendo con aquello que hace posible la convivencia, es decir, no sólo la ley, sino también la ética.

En ese sentido, desde el punto de vista empresarial y profesional, formarse en valores y aportar valores al trabajo, permitirá aportar valor al mismo. Y en esa medida, será devuelto.

Merece la pena pensárselo. Pues en ello nos va el futuro.