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Juegos Olímpicos 2012: 5 lecciones para el management

Como cada 4 años, el mundo parece pararse para contemplar, desde los 4 puntos cardinales, las proezas, hazañas y marcas de los mejores atletas del planeta, reunidos en los Juegos Olímpicos. En su XXX edición, que se celebra en Londres, los JJ.OO. volverán a concitar ambiciones y esperanzas, pero sobre todo y ante todo, ensalzarán el espíritu que les da vida, el espíritu olímpico. Bajo esa expresión se aúnan algunos de los principios más bellos de la Historia humana, los que hacen al hombre y a la mujer enorgullecerse de serlo, de pertenecer a esta especie. Por ello, es una excusa ideal para extraer de ese espíritu y de su desarrollo en los JJ.OO. algunas lecciones para el management, la gestión de empresas y de personas.

1. Ganar, el premio a la excelencia

El objetivo último de la competición es ganar, salir victoriosos, ser los mejores. Es el lema original de los JJ.OO.: “Citius, Altus, Fortus” (“más rápido, más alto, más fuerte”). La sana ambición de alcanzar la excelencia es perfectamente trasladable a la empresa y al mundo profesional. El deseo de vencer en el sentido de salir adelante, generar actividad, beneficios para la empresa, superando legítimamente a los competidores y por tanto obteniendo parabienes para quienes la componen y para la sociedad en la que se desarrolla, es el centro del espíritu empresarial. La analogía es obvia, pero requiere de los mismos matices que la competición olímpica, como veremos bajo estas líneas.

2. Participar

La frase “lo importante es participar” es probablemente la más repetida en las competiciones de unos Juegos Olímpicos. Resume en sí misma la máxima de la actividad deportiva, cuyo objetivo es vencer pero no se desentiende del proceso que lleva a la victoria, que empieza con la preparación y prosigue con la participación y el desarrollo. De la misma forma, la empresa y los profesionales, tienen como fin alcanzar sus objetivos, sean monetarios o de otra índole, pero lo que debe impregnar a la empresa, y le dará continuidad es el afán por hacer, con mayúsculas, por mantener la actividad, por participar, en definitiva, y hacerlo con la mirada puesta en la mejora, alcanzar la excelencia, pues eso y no otra cosa significa ganar.

3. Respetar

En el transcurso de los Juegos Olímpicos pueden verse múltiples manifestaciones de respeto entre los participantes, que aunque compitan entre ellos, honran el trabajo de formación y preparación de sus rivales, incluso cuando les vencen, lo que a su vez les honra a sí mismos. Ese respeto incluye el respeto a las reglas, como no doparse, no realizar trampa, y ser correcto en todo momento. En la gestión es también clave mantener ese respeto, tanto con los competidores, aunque les superemos, como con el cliente externo y, por supuesto, el cliente internoTodos los públicos (stakeholders) de una empresa merecen el respeto de la misma, al igual que la empresa merece su respeto: es un sentimiento compartido y recíproco, que se recibe en la medida en que se concede. Asimismo, las reglas del juego empresarial deben ser respetadas por sus jugadores, las empresas, de tal forma que su actividad se desarrolle en armonía y no en el conflicto. Es un bien común que requiere de todos, para llegar a todos.

4. Saber perder

La otra cara de la moneda del respeto, es el respeto a uno mismo y la capacidad para superarse; es decir, saber perder. Esta es probablemente la lección más difícil, tanto en el deporte como en la empresa: aprender a sobreponerse tras un fracaso, un error, o simplemente ante la dificultad y las circunstancias. En el mundo anglosajón, perder, también en el mundo de la empresa, se valora tanto o más que ganar, ya que se interpreta como una experiencia que ayudará a alcanzar, tarde o temprano, un triunfo más rotundo y sólido. Superarse, levantarse tras la caída y mirar hacia adelante son claves para el desarrollo profesional y empresarial. No lo olvidemos.

5. Prepararse

Finalmente, pasa a menudo desapercibida, la cuestión más importante y que es una constante, antes, durante y después de la competición olímpica: la preparación. Sin ella, no es posible el desarrollo, ni la superación de las pruebas previas que permiten llegar a la cita olímpica. Participar en unos JJ.OO. significa haber pasado horas y horas preparándose, entrenando, formándose para mejorar y alcanzar los objetivos marcados. De la misma forma, los profesionales y las empresas no son nada sin una base formativa firme. La formación, el desarrollo profesional, en cualquiera de sus manifestaciones, presencial, online, en grupo, one to one, etc, es clave para alcanzar la eficiencia, la productividad y finalmente, la excelencia. Las empresas líderes no son líderes por casualidad, sino porque han acumulado y siguen sumando horas de formación, además de experiencia, en todas sus escalas jerárquicas, desde el staff, hasta los consejos de administración. Sin formación de nada sirve el  trabajo; es el primer paso para alcanzar, tarde o temprano, el mayor de los éxitos.

Fracasar para aprender

formacion en empresaEn un mundo ferozmente competitivo e implacable con el error, no se ha hecho hueco para la palabra fracaso. Y sin embargo, es necesario. Sin ir más lejos, la Historia de la naturaleza humana es, en realidad, la historia de un enorme fracaso: en nuestra información genética se esconde un 5% de información válida y un 95% de información “basura”, es decir, sobre todo aquello que no ha funcionado. Y gracias a eso ¡funcionamos!

De hecho, esa información del genoma sobre caminos erróneos es la que más diferencia a unas especies de otras, más incluso que el ADN común, que por desgracia para nuestro ego de humanos, es mayor de lo que desearíamos (los genomas de la mosca, del gusano y del hombre son casi similares, según Peter Andolfatto, de la Univesidad de California) … Toda esa información es vital para nuestra supervivencia física: nos ayuda a combatir enfermedades, a regular el organismo y a prevenir riesgos. La conclusión es que el error en la evolución genética no sólo es importante, sino fundamental ya que sin él no sólo seríamos lo que somos sino que incluso podríamos habernos extinguido como especie.

De la misma forma, en la empresa no se puede seguir considerando de forma absolutamente negativa el error o el fracaso ya que son la base para el aprendizaje, el desarrollo profesional y la innovación. Sin error no es posible aprender, como bien saben los profesores y formadores. Por lo tanto, es clave dar margen para el fallo y no temer en extremo al fracaso. Por supuesto, esto no quiere decir que deba darse patente de corso para hacer y deshacer sin criterio alguno. Pero sí darse permiso para errar y dárselo a los demás, a condición de que sirva para corregir, rectificar y encontrar nuevas formas de hacer.

Tras un fallo o un fracaso, puede encontrarse la llave del crecimiento personal, profesional y empresarial. De hecho, las historias de éxito se han construido sobre sucesivos fracasos. Sin duda la más recordada y repetida es la de Thomas A. Edison, el famoso inventor que al explicar su mayor descubrimiento decía: “No me equivoqué mil veces para hacer una bombilla, descubrí mil maneras de cómo no hacerla”.

En la formación es fundamental observar dónde está el error para aportar las soluciones. No podría hacerse si todo fuera perfecto. Afortunadamente, ya sabemos que nadie puede serlo sin cometer antes unos cuantos fallos …