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La formación, clave para afrontar futuras crisis

De los periodos de crisis surgen siempre buenas ideas y de cualquier bache se debe salir al menos con una lección bajo el brazo. Esa es la situación que ha vivido y sigue viviendo buena parte del mundo y por supuesto España en los últimos años y este es el reto al que nos enfrentamos no sólo como país sino como individuos y como empresas. El reto es no sólo salir de la crisis sino también aprender de los errores cometidos para no repetirlos.

Como siempre se han dado circunstancias ajenas al individuo o la empresa y por lo tanto incontrolables por los mismos; movimientos bursátiles, desajustes en la oferta y la demanda, burbujas y otras variables macroeconómicas. Pero lo cierto es que también hay factores, de un ámbito más cercano, que sí podemos controlar o sobre los que al menos podemos influir. Y a menudo los pequeños cambios en el ámbito doméstico o particular pueden llegar a generar grandes cambios en el colectivo y finalmente en las grandes variables socio-económicas…

Entre las causas de que España, sus empresas y personas estén llevando peor que otros la salida de la crisis se apunta desde distintas estancias a nuestra falta de competitividad y esta a su vez está causada por la mala gestión de dos factores claves para el desarrollo: la investigación y la formación, ambas íntimamente relacionadas y áreas que de algún modo están a nuestro alcance como empresas y personas.

Están al alcance de las empresas porque son las que tienen los recursos para invertir en investigación y desarrollo, cada una en la medida de sus posibilidades y sus objetivos, y al alcance de las personas, porque somos quienes almacenamos el capital intelectual necesario para crecer y hacer crecer.

¿Hemos realizado en los últimos años el esfuerzo necesario tanto en investigación como en formación para mejorar nuestra competitividad?

Los datos de la OCDE indican que no, y nos colocan muy atrás entre los países de nuestro entorno tanto en gasto en investigación y formación como en términos de competitividad. Puede existir una parte de responsabilidad en nuestro Gobierno, por no incentivar y promocionar lo suficiente la investigación y la formación, pero quizás las empresas debieramos preguntarnos si no tenemos también nuestra parte de responsabilidad por no haber apostado lo suficiente por estas líneas de desarrollo.

Por ejemplo, restringiéndonos al ámbito formativo en el año 2008 la Fundación Tripartita para la formación y el empleo gestionó un fondo de 1.427 millones de euros en fondos para formación (gratuita para la empresa ya que se realiza a cargo del pago por seguridad social incluido en las nóminas)  pero al menos 200 millones se quedaron sin utilizar por falta de petición de cursos para empleados. En 2009 y 2010 esos fondos se han ampliado y superan ya los 1.500 millones de euros por año pero sigue persistiendo un excedente en esta partida por falta de uso.

Y aunque se haya avanzado en los últimos años (ya que según la estadística de la Fundación un 88% de las empresas con más de 250 empleados están aprovechando este recurso cuando solo un 67% lo hacía en 2004) la formación subvencionada todavía está siendo desaprovechada por un 58% de las medianas empresas y un 86% de las empresas con menos de 10 empleados. En un país donde el peso de la PYME sobre el conjunto de la economía es tan importante, este dato no puede pasar desapercibido.

¿Qué razones pueden explicar que las medianas y pequeñas empresas no estén aprovechando un recurso gratuito como es la formación subvencionada? ¿Acaso seguimos considerando la formación un gasto y no una inversión, incluso cuando es gratuita? ¿O es que no le damos valor en absoluto? ¿O incluso es posible que creamos que la mejor formación de nuestros empleados pueda llevarles a huir a otras empresas o a pedir mayores sueldos? ¿Es tan difícil el acceso a este tipo de formación? ¿Es una cuestión administrativa?

Probablemente cada empresa tenga sus razones, sean o no coincidentes con estas. En cualquier caso y respondiendo a las mismas es necesario decir primero que la formación es siempre una inversión ya que redunda en una mayor productividad y en la mejora de la calidad, ambos factores claves para la competitividad. En segundo lugar es necesario señalar que lejos de lo que pueda pensarse la formación se ha demostrado como un elemento utilísimo para la retención de los trabajadores, sea porque lo entienden como un complemento retributivo o porque les permite mejorar en su desempeño y facilita su actividad profesional. En cuanto a la Administración es probable que le quede mucho por mejorar en la comunicación de estas ayudas a la formación y el acceso a la misma tanto a las grandes empresas como a las medianas y pequeñas e incluso a las micropymes.

En momentos como el actual es más necesario que nunca incidir en la necesidad de incrementar la formación en las empresas. Sólo valores de futuro como la formación y la investigación permitirán mejorar nuestra competitividad como empresas, como profesionales y como país. El trabajo y el esfuerzo constante de cada uno se verá así sin duda reforzado y permitirá vislumbrar un mañana mejor para todos. Con seguridad es una de las lecciones que nos dejará esta crisis.