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El chef: recetas para los Recursos Humanos

Algunas películas, que por su tono o temática, parecen aparentemente pobres en lecturas, son en realidad una mina de interpretaciones. Es el caso de El Chef, la receta de la felicidad y sus lecciones para la gestión de los Recursos Humanos y de la formación. No en vano, sus productores ya rubricaron otra película aparentemente frívola, pero llena de mensajes valiosísimos para los Recursos Humanos como intocable, selección.

En El Chef, el talento inaudito de un cocinero desconocido es ignorado por los distintos restaurantes por los que pasa, mientras un restaurante reconocido busca desesperadamente un nuevo Chef para ocupar sus fogones, hasta que, de forma casual, se cruzan sus caminos. La principal lectura en clave de Recursos Humanos es la de un problema muy común y que no es otro que el talento profesional mal encauzado y/o no reconocido.

De poco sirve ser un gran profesional en una actividad si no la ejercemos donde se le sacará rendimiento y pueda ser reconocida: son miles los casos de profesionales con un enorme potencial cuya proyección se ha visto frustrada por no haber caído o no haber elegido el lugar adecuado en el cual desarrollarla. ¿Culpa del profesional, o de la empresa? Sinceramente, a menudo, de ambos: el primero por no decir “basta” y buscar nuevos caminos o emprender su propia aventura empresarial; y el segundo, por no haber seleccionado correctamente y/o no haber reconocido en ese talento una oportunidad para crecer y/o cambiar como organización.

El film ofrece otras lecturas para la gestión de recursos humanos y empresarial, como, justamente, la importancia del cambio, el giro en la estrategia empresarial, o como abrir puertas y ventanas para que este entre en la Compañía. En este caso, el cambio puede venir originado por la llegada de un nuevo miembro, que ofrecerá una nueva visión y también una nueva forma de hacer las cosas. Asimismo, puede verse en qué consiste la resistencia o el miedo al cambio, tan común en las personas y en las organizaciones, entre otras cosas porque afecta a la seguridad, esa falsa sensación que nos brinda la permanencia en la llamada zona de confort…

Potenciar el talento, reconocerlo, abrirse al cambio, son actitudes que requieren de una continua formación, un entrenamiento ininterrumpido en la labor de adaptación, eso que, no lo olvidemos es, más que nunca en épocas turbulentas como la actual, la clave de la supervivencia…

Y por último, nada como tener al profesional más adecuado en un puesto, ni como ocupar el puesto para el que hemos nacido: ¡en ello reside parte de la tan deseada felicidad!

 

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Formación para avanzar desde la empatía, un reto ético ¡y de supervivencia!

Una de las claves en los equipos y las personas con alto desempeño, es su capacidad para empatizar, ponerse en el lugar del otro, respetarle y entender no sólo lo que necesita o está pidiendo, sino con qué herramientas cuenta para ayudar a la consecución de esa demanda o a la resolución de esos problemas. En la tarea de trabajar en equipo, pero también en la tarea de dar servicio a otros, sean clientes internos o externos, es fundamental esa capacidad de empatizar con los problemas de nuestros interlocutores, respetándolos. Y sin embargo, no siempre lo hacemos.

Aprender a escuchar, y ponerse en la piel de terceros, requiere una labor silenciosa y larga y empieza por el respeto. En ese sentido, la ética entra de forma transversal y de lleno en la actitud a adoptar para llevar a buen puerto la tarea de escuchar para colaborar y construir conjuntamente. También en esa tarea, la de respetar, es fundamental la empatía y sentir como propios tanto los beneficios que proporcionamos al otro, como los daños que le podamos inferir. No hacerlo puede tener consecuencias desastrosas, desde la ruptura en la comunicación y los flujos de información, por lo que al no circular el conocimiento es imposible avanzar juntos; hasta la generación de conflictos que pueden revertir las relaciones convirtiéndolas en dañinas para todos hasta destruirlas.

Por lo tanto, es necesario prestar atención a esas actitudes cada día y en cada persona, para limarlas y guiarlas hacia el respeto, la escucha y la comprensión, claves para avanzar como personas y organizaciones. Esto requiere del asesoramiento y la formación continua; primero, con profesionales especializados que nos ayuden a interiorizar profundamente dichas actitudes y colaboren en su difusión e implantación si fuera necesario;  y después, con la práctica diaria y la formación de otros también desde la experiencia, la observación y la práctica mimética.

El coaching individual y en equipo y las distintas técnicas de formación enfocadas al cambio de actitudes pueden ayudar en esa tarea; poner el acento en detectar determinadas disposiciones personales al seleccionar a los profesionales, también; y por último, no dejar de vigilar que todo ello se mantenga en el tiempo… ¿lo haremos?